jueves, 18 de octubre de 2007

Aparato Estatal, Sociedad Civil y Democracia en Perú

¿La Democracia en el Perú?, es la primera pregunta propuesta en este ensayo, sin embargo, luego de examinarla y explorar los textos sobre Schmitt, Sartori, Dahl, Lukes, Arendt , Deloy o Fukuyama, salta otra pregunta: ¿Qué somos, una Democracia Directa, una Poliarquía o simplemente un Estado Fallido característico de “un país pobre” al que las naciones desarrolladas debieran implantar instituciones efectivas?. Luego, ¿al hablar de un Estado Fallido, estamos hablando realmente sobre una Sociedad Civil débil?

Es, de este modo, que el siguiente trabajo intenta responder estas preguntas según los textos mencionados, pero también intentaré plantear una respuesta alternativa que ubica su argumento en una realidad clave como es la de Villa el Salvador, un conjunto humano que desafía propuestas como la de Fukuyama y que levanta intereses internacionales en base a su despliegue de cooperación y autogestión.

Ahora bien, si hablamos de Estado en el Perú, me parece adecuado comenzar con asumir, lo que propone Deloy sobre el Estado, no como “algo dado” ni como una espontaneidad feudal, sino como una construcción artificial,” un constructo social e histórico que debe ser interrogado previamente ”, con ello aludiremos directamente al Estado Moderno, que como denota autor es una respuesta a la “centralización, monopolización del poder y concentración de recursos, diferenciación e institucionalización ” todo ello nos remonta a una génesis ubicada en Europa en la edad media que vio como “algunos cientos de casas nobles de la edad media habían sido reducidas progresivamente a algunas decenas de Estados que se institucionalizan en Europa”; de este modo se trata de “ un proceso de larga data” que comprende el paso de la “feudalidad de beneficios a la feudalidad de feudos” cediendo préstamos institucionales a esta génesis que fue un “mecanismo monopolista” , es decir monopolización fiscal y monopolización legítima de la violencia.

Sin embargo al hablar de esta trayectoria occidental se siente inmediatamente una gran brecha pues el Estado Moderno en Latino América se importó de occidente, por ello las condiciones sociales y económicas fueron otros.

Al caracterizar la historia democrática en el Perú, el resultado no es muy alentador pues hemos pasado por una serie de fluctuaciones entre plutocracias, dictaduras, militarismos, y “democracias” hasta finalmente llegar a finales de siglo en medio de una crisis estatal estallada por escándalos de corrupción de una “democracia” liderada por Alberto Fujimori, personaje que se podría encerrar en un enfoque Schmittiano ya que, más que un mandato democrático, fue un mandatario supremo que mantuvo en su persona la decisión última ,capaz de controlar los conflictos sociales con la monopolización legítima de la violencia apelando a un poder ilimitado con la suspensión de congreso y la formación de una nueva constitución que fue la alfombra roja para su dictadura constituyendo la ley como el “plan y la voluntad del líder” , líder en el que, que como diría Deloy, “el poder no se diferencia de la persona física que se lo apropia” .

De este modo, creo acertada la crítica de Serrano hacia Schmitt, pues lo califica por su visión simplista que ubica a la voluntad del soberano como general de un macrosujeto y no plural pues Schmitt no concibe una nación heterogénenea ya que crearía desunión y conflicto; asimismo Serrano resalta que su enfoque de la soberanía pasa por alto un problema central, que es el de cómo se ejerce y no quien la detenta, lo que le permite justificar incorrectamente a un mandatario que gobierna en un Estado de Excepción, cegándolo ante la posibilidad de que este poder se puede tornar ilimitado a perpetuarse en el poder, convirtiéndose en un déspota. No obstante me parece muy lograda la fusión que hace Schmitt entre Democracia y Dictadura pues concibe a un pueblo soberano en tanto que existen juntos y presentes para aclamar, como derecho esencial y único de su soberanía, gobernados por un poder centralizado en un líder; de este modo se estaría construyendo un “presidencialismo autoritario” aplicable al mandato fujimorista. Es así que me parece impresionante cómo es que tesis totalitaristas que avalaron en el pasado a fascismos como el italiano o el alemán logren aplicarse en realidades tan diferidas como la peruana, que claro, guarda grandes diferencias como la aceptación de la heterogeneidad con, más que rechazo, indiferencia estatal.

No obstante el fujimorismo ya pasó a la historia como propuesta de gobierno y actualmente vivimos en una realidad que difiere al autoritarismo y que intenta superar etiquetas, a mi parecer simplistas, como las de Estado Fallido; sin embargo se trata de una realidad que aún no logra encajar en el concepto completo de Democracia como el que hace Dahl, pues la califica como “un sistema que cuenta con disposición a satisfacer entera o casi a todos los ciudadanos “ y que, para ello contempla igualdad de oportunidades para estos. Ante esto, el mismo autor plantea la imposibilidad de la plena realidad de este concepto en la actualidad, por ello propone un concepto en el que podríamos albergarnos: el de “poliarquía”, ya que, la califica como un “régimen relativamente democrático” y como un “sistema sustancialmente liberalizado y popularizado”, para ello forma la popular caja de Dahl que comprende dos vectores: el debate público y la capacidad de representación, y en ella ubica las diferentes trayectorias, de forma tal que en Latino América se le podría ubicar en el paso de una Hegemonía cerrada a una Oligarquía competitiva, pero se trata un paso lento e imperfecto pues a comienzos del siglo XX éramos una nación con una baja participación que se vio alterada por las migraciones, de las primeras décadas, a la capital, cuya élite no se supo hacer representativa, lo que cedió paso a que, mucho después se formaran movimientos de masas mucho más confrontativas, en medio de un escenario general con instituciones pero con baja participación.

¿Pero según la visión arendtiana, somos Democracia? La respuesta apuntaría a que no, pues para Arendt la participación ciudadana es lo esencial para la practica política que solo contempla diálogo y exhibición, pero como dice Serrano no contempla conflicto ni la posibilidad de que no todos están dispuestos a pagar seguridad por libertad. Sin embargo, es claro lo ideal de su propuesta de participación y aceptación de pluralidad en una esencial esfera pública que sustenta el reconocimiento como iguales bajo un ideal “sistema de normas reformadas por sanciones reguladas” . De este modo para Arendt “la acción política presupone una dimensión intersubjetiva, donde, a través de la confrontación de la pluralidad de opiniones, se establecen, por acuerdos, compromisos, regateos, etc., los fines colectivos” . Es por ello que creo que la Democracia Directa como en Suiza, sería la realidad más cercana a la posición arendtiana, sin embargo en el caso peruano la posición arendtiana no sería tan solo una caricatura opuesta sino más bien existiría una excepción a la norma que llevó a autores como Jaime Coronado y Ramón Pajuelo a afirmar que en Villa el Salvador se estaría hablando de una Democracia Directa: “ La CUAVES fue la primera y hasta aquí la más importante experiencia de democracia directa que lograron establecer los trabajadores del nuevo mundo urbano de América Latina” ya que se trata una secuencia histórica en el confluyeron:
“ al mismo tiempo las interacciones colectivas y el poder generado desde abajo (..) Porque lo democrático no es entendido sino como la participación en la generación del poder entre iguales y como un poder que puede ser controlado por ellos mismos” .
Es así que se trata de una experiencia de debate y discusión ubicados en asambleas constantes hasta lograr una convención como determinante de su despliegue como comunidad para la autogestión no orientada hacia el Estado, por ello :
“la estructura de autoridad y sus patrones de institucionalización y representación democráticas, no parecen basarse en la institucionalización de la ciudadanía”

Determinado este concepto de ciudadanía, no como una “idea de igualdad jurídico política” influenciada por el liberalismo económico, sino como una ciudadanía “de prácticas concretas que deben ser apropiadas y ejercidas por los propios individuos” que se antepone a la realidad de desigualdad social y política, indiferencia estatal y discriminación

Por lo tanto, creo que si hablamos de el Estado Peruano como un Estado Fallido caracterizado por la sociedad civil débil, se está haciendo un gran sesgo al no contemplar este caso único pero importante como potencialidad al reconocerse esta gran capacidad asociativa esencial para una sociedad civil en desarrollo cuyas demandas son tal véz diversas como su composición, por lo que creo que no es correcto hablar de una falta de demandas de instituciones, como lo hace Fukuyama al etiquetarnos como naciones pobres a las que prácticamente los actores externos habrían que obligar o diplomáticamente dicho, condicionar para un correcto desarrollo institucional, no es correcto pues se trata de un enfoque externo que se desconcierta ante casos como el nuestro ya que no se hace una correcta lectura de las demandas, que por ser diversas no se logran canalizar con partidos o sindicatos, grandes ausentes en el escenario local; o que tal véz se trata de demandas sin un canal de expresión como la tolerancia mencionada por Dahl entre sus axiomas; o tal véz estaríamos ante una demanda con base heterogénea que como lo propone Touraine:
“ ..la acción colectiva sólo es eficaz en América Latina cuando combina varias dimensiones, cuando tiene objetivos de clase al mismo tiempo que antiimperialistas y de integración nacional”
Por ello el autor plantea un concepto contrapuesto directamente a Fukuyama pues exhorta a:
“rechazar simultáneamente la idea de que la acción política y social en América Latina se organiza y desarrolla de la misma manera que en los países europeos y la idea inversa que niega la existencia de un espacio político autónomo en nombre de la omnipotencia de la dependencia exterior”

En todo caso se trataría de una falta de descripción de la sociedad peruana, de su composición social y económica que claramente no contempla un interés en común pero tampoco prescinde de instituciones.

Sin embargo, la propuesta más general y menos etnocentrista de Fukuyama, sobre la construcción de Estado en base a la creación de nuevas instituciones gubernamentales y el fortalecimiento de las instituciones gubernamentales existentes es efectivamente un asunto de suma importancia en tanto se trata de una fórmula de desarrollo para el Estado contemplado desde su fuerza y alcance institucional, y es desde este concepto que el autor propone cuatro niveles para el diseño y gestión de la organización: diseño y gestión de la organización, diseño del sistema político, base de legitimación y factores culturales y estructurales; niveles a los que le adjudica determinados grados de transferencia o importación, propuesta que cede paso a procedimientos tan polémicos como “ el ejercicio directo del poder político por parte de autoridades externas que han reivindicado el papel de la soberanía en Estados fracasados, colapsados o ocupados” .

Por último, creo importante terminar con el reconocimiento de que la Democracia en el Perú es un tema complejo, en desarrollo y cuya institucionalidad demanda reformas drásticas, como la del poder judicial, que según la última encuesta de poder realizada por APOYO, nadie acuerda en que tal instancia deba permanecer como tal, es así que creo importante evitar parcialidades como la de Fukuyama; abordar metas como la propuesta de Arendt de representatividad y pluralidad para el consenso; mantenernos en la realidad que no solo abarca consenso sino también conflicto para poder manejar este como parte de medidas básicas, como el uso legítimo pero normado de la violencia por parte del Estado; ubicarnos como únicos desde la propuesta de Touraine y mantenernos en márgenes de desarrollo básicos como los propuestos por Dahl: libertades de corte liberal clásico, participación abierta y competencia política para una mayor representatividad.

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